ES HORA DE QUE MIAMI ACOJA EL BILINGÜISMO

Por Phillip M. Carter, Ph.D.

Publicado en Diario Las Americas

A pesar de todo el éxito económico que los altos niveles de bilingüismo social han hecho posible en Miami, es muy poco lo que se hace en términos de política pública y educación para promoverlo y protegerlo; y lo que necesita protección es nuestro español. Miami es una ciudad única en términos demográficos en cuanto a que se distingue por ser a la vez la ciudad grande más latina de EE.UU., así como la que tiene el mayor número de personas nacidas en el exterior. A causa de estas estadísticas, podemos agregar una tercera distinción a la lista: Miami es ahora también la ciudad grande más bilingüe de América del Norte. Como fenómeno oral, hay –proporcionalmente– más bilingües que hablan con fluidez en Miami que en San Antonio, Los Ángeles, e incluso Montreal, la ciudad canadiense conocida por su política lingüística y el fuerte apoyo del francés.

En muchos sentidos, Miami se nutre de su bilingüismo. Los medios de comunicación y la industria del entretenimiento en español de EE.UU. tienen en su mayoría sus sedes aquí, lo que crea empleos para miles de personas. Turistas de toda América Latina llegan aquí en masa, en parte debido a la facilidad de comunicarse en español. Y por todo el condado de Miami-Dade, se venden apartamentos y se cierran negocios debido a la presencia de los dos idiomas, el español y el inglés. De hecho, el valor económico del bilingüismo en Miami es tan importante que uno se pregunta si la ciudad podría existir en su forma actual sin él.

Para el observador casual, el español en Miami puede parecer a salvo e inevitable; es bastante fácil escuchar y ver español por todo el condado, desde Doral hasta Miami Beach. Pero en su mayoría, el español que se habla en Miami-Dade es entre los inmigrantes, no entre los hijos y nietos de estos que han nacido aquí. Las investigaciones señalan que para los nacidos en Miami, el fenómeno que los lingüistas denominan desplazamiento lingüístico, en el cual una comunidad de hablantes reemplaza una lengua por otra, ya está bien avanzado. Esto significa que quienes nacen en Miami hablan cada vez más inglés y son menos bilingües. Mi propia investigación con el profesor Andrew Lynch (University of Miami) indica que los latinos nacidos en Miami incluso albergan percepciones negativas del español en comparación con el inglés. Este es un hallazgo inquietante ya que las actitudes lingüísticas son uno de los factores clave para predecir si una lengua se va a transmitir o no a la siguiente generación.

La mayor amenaza para la sostenibilidad del bilingüismo de Miami es la ausencia de programas de educación bilingüe en las escuelas. Esta ausencia es sorprendente teniendo en cuenta no solo el perfil demográfico de Miami y el valor del español para nuestra economía, sino también el hecho de que el movimiento de la educación bilingüe en este país se gestó aquí cuando Coral Way Elementary se convirtió oficialmente en escuela bilingüe en 1963. Ese programa se consideró tan exitoso que otros distritos escolares por todo el país tomaron nota y siguieron el ejemplo de Miami. Pero hoy en día, la gran mayoría de nuestros estudiantes no tienen acceso a una educación bilingüe integral. Mis estudiantes de pregrado en FIU, que en su mayoría son latinos nacidos en Miami, son bilingües nativos que deberían tener la capacidad de trabajar por igual en inglés y español. Pero después de trece años de educación obligatoria en inglés, muy a menudo carecen de habilidades de lectoescritura en español y en general no se sienten preparados para usar el español en entornos profesionales. Algunos incluso se sienten avergonzados de su español. Y aunque los no latinos en generaciones anteriores podrían haber lamentado la presencia del español en Miami, a mis alumnos no latinos les encantaría tener acceso a él. Por lo general, les llaman mucho más la atención las ventajas económicas, socioculturales y cognitivas del bilingüismo que las nociones anticuadas sobre el valor del monolingüismo inglés.

Para todas las ventajas del bilingüismo en Miami, uno tiene la impresión de que el español es apenas tolerado aquí, en vez de ser acogido y cultivado. No tenemos que seguir el modelo de política lingüística de línea dura de Quebec con el fin de proteger el bilingüismo local, pero como mínimo, la habilidad del bilingüismo debería estar al alcance de todos los estudiantes locales que deseen tener acceso a él. La realidad del desplazamiento lingüístico ya está aquí; de nosotros depende qué hacer al respecto.

Phillip M. Carter, Ph.D. is Assistant Professor of English and Linguistics in the Department of English in the School of Environment, Art, and Society at Florida International University.

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It’s Time for Miami to Embrace Bilingualism

Phillip M. Carter, Ph.D.

Despite all of the economic success that high levels of societal bilingualism have made possible in Miami, very little is done in terms of public policy and education to promote and protect it – and what needs protecting is our Spanish. Miami is demographically unique in that it has the distinction of being both the most Latino large city in the U.S., as well as the most foreign-born. On account of these statistics, we can add a third distinction to the list: Miami is now also the most bilingual large city in North America. As an oral phenomenon, there are – proportionally speaking – more fluent bilinguals in Miami than in San Antonio, Los Angeles, and even Montreal, the Canadian city known for its language politics and strong support of French.

In many ways, Miami thrives on its bilingualism. The Spanish-language media and entertainment industries in the U.S. are largely based here, creating jobs for tens of thousands of people. Tourists from across Latin America flock here, in part because of the ease of getting around in Spanish. And across Miami-Dade County, condos are sold and deals are closed because of the presence of both languages, Spanish and English. In fact, the economic value of bilingualism in Miami is so tremendous that one wonders if the city could exist in its current form without it.

To the casual observer, Spanish in Miami may seem safe and inevitable – it’s easy enough to hear and see Spanish across the county, from Doral to Miami Beach. But most of the Spanish-speaking going on in Miami-Dade is among immigrants, not their children and grandchildren who are born here. For the Miami born, research shows that what linguists call language shift, a phenomenon in which a speech community replaces one language with another, is well underway. This means the Miami born are becoming more English-speaking and less bilingual. My own research with Professor Andrew Lynch (University of Miami) shows that Miami-born Latinos even harbor negative perceptions of Spanish as compared to English. This is a disturbing finding since language attitudes are one of the key factors in predicting whether or not a language will be transmitted to the next generation.

The biggest threat to the sustainability of Miami’s bilingualism is the lack of bilingual education programs in our schools. This lack is remarkable considering not only Miami’s demographic profile and the value of Spanish to our economy, but also the fact that the bilingual education movement in this country was pioneered here when Coral Way Elementary became officially bilingual in 1963. That program was considered so successful that school districts across the U.S. took note and followed Miami’s lead. But today, the vast majority of our students do not have access to comprehensive bilingual education. My undergraduate students at FIU, who are mostly Miami born Latinos, are native bilinguals who should have equal working capacity in English and Spanish. But after thirteen years of compulsory education in English, they very often lack literacy skills in Spanish and generally feel unprepared to use Spanish in professional settings. Some even feel ashamed of their Spanish. And while non-Latinos in prior generations may have bemoaned the presence of Spanish in Miami, my non-Latino students desperately wish they had access to it. They are in general far more persuaded by the economic, sociocultural, and cognitive advantages of bilingualism than by outmoded notions about the righteousness of English monolingualism.

For all the advantages of bilingualism in Miami, one has the impression that Spanish is merely tolerated here, rather than embraced and cultivated. We need not follow Quebec’s hardline model of language policy in order to protect local bilingualism, but as a minimum, the skill of bilingualism should be available to all local students who want access to it. The reality of language shift is upon is – it’s up to us to decide what to do about it.

Phillip M. Carter, Ph.D. is Assistant Professor of English and Linguistics in the Department of English in the School of Environment, Art, and Society at Florida International University.

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