PÁGINAS SALVADAS

DANIEL SHOER ROTH: Agoniza la educación bilingüe

Publicado en El Nuevo Herald, 08/24/2014 2:45 PM

Un popurrí de emociones ha aderezado esta primera semana del curso escolar. Los padres, orgullosos, comparten en las redes sociales fotos de sus hijos con uniformes impolutos y mochilas nuevas. Los niños sonríen, aunque en el fondo sienten ráfagas de miedo. Eso sí, quieren reencontrarse con sus amigos y desde ya esperan las próximas vacaciones. Los adultos también temen por la seguridad y el bienestar de sus retoños en los planteles. Pero están felices de ver su desarrollo y sed por el conocimiento.

Para los estudiantes hispanos que aprenden inglés como segunda lengua en Miami, ciudad pionera en la educación bilingüe en Estados Unidos, el camino a ese conocimiento es serpenteante y bordea varios precipicios.

Con menos recursos y más presión por mejorar las calificaciones en las pruebas estandarizadas para la evaluación del rendimiento, el Sistema Escolar de Miami-Dade ha perdido el ímpetu en la instrucción del español, no solamente como lengua individual, sino también como idioma para la enseñanza de las materias del currículum general a los estudiantes que no dominan inglés a nivel académico.

Las consecuencias son devastadoras especialmente para los adolescentes, ya que tienen menos tiempo para ponerse a la par de sus compañeros anglosajones y menor probabilidad de continuar por la senda a la educación superior. En juego está el llamado “acceso igualitario” a la educación y la futura competitividad en el mercado laboral global.

En este comienzo de curso, uno de los ejemplos de la desaceleración de la instrucción bilingüe –que irónicamente en otros estados de la nación cobra mayor fuerza–, es la supuesta ampliación del programa Idioma Extranjero Extendido (EFL) a toda la población escolar, a costa de la paulatina eliminación, que ya abarca de kindergarten a segundo grado, de las asignaturas Español para Hispanohablantes (Spanish-S) y Español como Segunda Lengua (Spanish SL), una suerte de puñalada a la preservación de la pureza del español. La clase Spanish-S, en teoría, sí continuará impartiéndose a los Aprendices del Idioma Inglés (ELL) por requisitos federales.

Una cronología de los orígenes de este programa bilingüe ilustra el eufemismo de esta medida aprobada por los miembros de la Junta Escolar. En la década de 1960, la Escuela Coral Way estableció un modelo de enseñanza admirado e imitado por los sistemas escolares de otros estados. En ese plantel, un 40 por ciento de la jornada escolar se enseñaba a todos los alumnos en español, incluyendo las asignaturas generales, y el resto del horario en inglés.

Ese modelo sirvió como fundamento del programa EFL que surgió en 1997 bajo las mismas normas con excepción de su alcance: solo podía beneficiarse la mitad de la población escolar del recinto donde se impartía. En 2003, el exitoso EFL sufrió un revés y se diluyó en dos vertientes. En lugar de dedicar 40 por ciento del horario a la enseñanza en español se redujo a una hora y media, 60 minutos para aprender el lenguaje y 30 minutos para el estudio en español de Ciencias o Estudios Sociales. La segunda versión fue aún peor porque se limitó a ofrecer solo una hora dedicada en su totalidad al estudio de la lengua española.

Esta última versión es la que se implementa desde el curso 2013-2014 como parte de “la ampliación” de este programa –un insulto de las autoridades de la enseñanza a su concepción original–. Y eso no es todo. El nuevo EFL es una materia de continuidad que requiere inscribirse en kindergarten o primer grado. Ya después, el ingreso depende de la capacidad lingüística del alumno. Esto deja fuera a los que no tienen suficientes destrezas gramaticales en español, como a menudo sucede entre los descendientes de los hispanos nacidos en Estados Unidos.

Otra de las limitaciones del EFL actual es que no requiere que el personal docente tenga certificación para enseñar español, sino que “califiquen lingüísticamente”. Por lo tanto, no hay garantía de que estos maestros estén bien preparados para enseñar el idioma. Tampoco se les exige licencia para enseñar educación bilingüe porque el gobierno de Florida dejó de emitirlas.

Parece mentira que en un estado con 260,000 estudiantes de inglés como segunda lengua (ESOL) los legisladores hayan ignorado llamados urgentes a restablecer la certificación en educación bilingüe, así como a reformar el modo de evaluación de estos menores que generalmente fracasan en las pruebas estandarizadas y, en consecuencia, no califican para obtener un título de secundaria o ingresar a la universidad.

Precisamente, por temor al mal rendimiento en estos exámenes, sistemas escolares como Miami-Dade concentran sus recursos en las clases tradicionales en inglés y dejan a un lado los programas de educación bilingüe, lo cual afecta el futuro del español y cercena el progreso de los estudiantes hispanohablantes, pues numerosos expertos afirman que el niño que estudia en el segundo idioma otras asignaturas, adelanta más en su aprendizaje de dicho idioma.

Por eso insisto: el español en esta ciudad va de mal en peor.

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