AMÍLCAR A. CASTELLANO-BOHÓRQUEZ, Ph.D.: ¿Cuál educación es de calidad?

Que la educación en nuestro país no es de calidad, es una  afirmación compartida por muchos. Sin embargo, se señalan algunas excepciones a esta regla general. Así, se dice que la educación en tal  institución o lugar, o que la educación dependiente de ciertas y específicas organizaciones, sí es de calidad. Tanto la regla general como las excepciones  a  la misma, por depender de opiniones,  suscitan  divergencias  y hacen  que  nos percatemos de que no todos miramos a través  del  mismo cristal. ¡Oh, qué descubrimiento!

Antes de opinar, afirmar y discutir, podríamos ponernos de acuerdo en  una  definición  de educación de calidad. Para no  hacer  largo  el asunto, digamos que educación de calidad es aquella que logra los fines pre-establecidos. ¿Por quién? Por una persona, un grupo de ellas,  una institución, una comunidad, o quien sea.

Entonces, si la educación a la cual nos referimos logra los  fines con los cuales estamos de acuerdo, podemos decir que es de calidad. Así se explican las coincidencias y las divergencias sobre este asunto.

Conviene  tener  presente  que,  por  ejemplo,  el  funcionamiento   ininterrumpido de una institución puede ser un fin, pero no  necesariamente educativo. Recuérdense las cárceles y otros sitios de  reclusión, los bares y los lugares de juego. El fin educativo se refiere más bien al uso del tiempo y no a la continuidad del mismo.

También es bueno recordar que además de la educación sistemática o escolarizada,  existe la educación espontánea, informal o de  la  vida. Esta se da cuando participamos en las tareas colectivas del día a día y sólo tomamos conciencia de su existencia, cuando hablamos de la educación en el hogar. La educación espontánea es también de calidad, cuando logra  unos  fines pre-establecidos. ¿Por quién? Por  los  mismos  que listamos  antes,  pero  especialmente en este caso  ignoramos  nuestro derecho  y  nuestro deber de asignar fines a la  educación,  a  nuestra educación.

Será  por ello que alguien usurpó nuestro derecho, cuando  decidió que nuestra educación de calidad es aquella que logra, por ejemplo,  la homosexualización o la bisexualización de nuestra población, la  eliminación de la familia como célula fundamental de la sociedad, el desprecio del trabajo como forma de realización personal, la exaltación de la acumulación de bienes materiales, el menosprecio a la vida, la  indiferencia ante los necesitados, y el egoísmo.

¿Qué hacer? Dios nos creó libres y como miembros de una  sociedad tenemos compromisos. Por ello podemos y debemos definir la educación de calidad, o sea los fines a ser logrados, por cada uno de nosotros  como agentes de la educación espontánea y por cada quien que escogió (¿O fue escogido para?) ser maestro.

Fijados  los  fines, sabremos hacia cuál “norte  franco”  vamos  a dirigir nuestros pensamientos, nuestros esfuerzos y  nuestras  esperanzas.  Pero  si  seguimos siendo observadores pasivos  y  cómplices  del desgaste  de  nuestra sociedad, que ello sea  consecuencia  de  nuestra decisión consciente y de nuestra disposición para “aguantar callados el chaparrón”.

amilcast@gmail.com

Amílcar Augusto Castellano-Bohórquez fue professor titular dela Universidad del Zulia, Venezuela. Posee un doctorado en Investigación Institucional y Estadística por la FSU.

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