EMILIO J. SÁNCHEZ: La biblioteca de Babel en sus dedos

babel

El Nuevo Herald, 3 de septiembre, 2015

Si usted es de los que suele leer periódicos (cada vez somos menos), quizás este artículo sea de su interés. Pero si pertenece a esa especie en extinción que lee libros —incluso bestsellers o de autoayuda—, estoy seguro de que lo sera.

Jorge Luis Borges imaginaba el Paraíso como biblioteca y escribió un cuento alucinante donde el universo era un eterno, infinito, depositario de libros: La biblioteca de Babel (1941). Relataba que allí se almacenaban todos los libros posibles, los del pasado e incluso los del futuro. Pues bien, semejante maravilla puede que esté por asomarse con HathiTrust, un proyecto colaborativo a gran escala entre bibliotecas de instituciones académicas y de investigación.

Fundado en octubre de 2008 por 13 universidades de la Comisión de Cooperación Institucional y la Universidad de California, participan más de 100 instituciones de Estados Unidos (entre ellas la Universidad de Miami y la Universidad Internacional de la Florida), Canadá, Australia, España y el Líbano. Los costos se comparten entre ellas, y la administración corre a cargo de la Universidad de Indiana y la Universidad de Michigan.

El cuerpo principal del fondo  consta de más de 13 millones de volúmenes (6.8 millones de libros), copias escaneadas de materiales impresos. Su acceso es gratuito a través de internet y hay servicio para personas con discapacidad visual o dificultades para la lectura.

HathiTrust sirve principalmente a miembros de sus bibliotecas socias (profesores, estudiantes y usuarios), pero sus materiales están a disposición de cualquiera, de acuerdo con las leyes y contratos vigentes.

Su ciclópea y noble misión es contribuir a la investigación, recopilación, organización, preservación y difusión del conocimiento, lo cual supone digitalizar millones de documentos a través de Google Books y bibliotecas locales. La Universidad de Michigan es la sede de la infraestructura donde se conserva y hace accesible el contenido digital depositado por los socios.

Resulta difícil calcular la repercusión de este proyecto en términos de democratización del saber y universalización del conocimiento y la cultura.

Por lo pronto, deja atrás cualquier cavilación de aldea global o sociedad de la información. En la mítica Biblioteca de Alejandría pretendían recopilar  “los libros de todos los pueblos de la tierra” y calcularon que serían cerca de 500,000 volúmenes. A HathiTrust le falta mucho para esa cifra, pero su incuestionable superioridad radica en su potencial impacto en las vidas de millones de lectores.

La mayor parte de los fondos se encuentra en inglés (50.29 por ciento). En otros idiomas la cantidad es menor: alemán (9.33 %), francés (7.33 %), español (4.32 %). El 38% está disponible al público en general; y el 62% es de acceso restringido, para investigadores y académicos. La casi totalidad de los títulos fechados entre 1500 y 1919 son abiertos. Aquellos que van desde 1920 hasta nuestros días, mayormente limitados.

Deléitese a sus anchas: puede leer en su idioma original a Stendhal, Balzac, Víctor Hugo, Flaubert, Zola y Proust; al igual que a Melville, Twain, Chesterton, Joyce y T. S. Eliot. En español hay miles de obras de los clásicos: desde Cervantes, Góngora y Quevedo hasta Unamuno, Blasco Ibáñez y Azorín. Los cubanos pueden darse un verdadero banquete con títulos virtualmente desconocidos o inaccesibles.

¿Ejemplos? Carmela, de Ramón Meza; A pie y descalzo, de Ramón Roa; Un hombre de negocios, de Nicolás Heredia; Tembladera, de José Antonio Ramos; La familia Unzúazu, de Martín Morúa Delgado; La manigua sentimental, de Jesús Castellanos, entre otros. Con todo, les aseguro que revisar el catálogo —por temáticas, autores o títulos— puede depararles agradables sorpresas y alargarles el desvelo.

HathiTrust se torna un recurso de inestimable valor para los profesores de humanidades de las universidades y colleges, como también para los maestros de escuelas primarias y secundarias, especialmente los de idiomas. No se trata sólo ni tanto de la capacitación de los propios docentes: ahora se ensancha la posibilidad de realizar proyectos de investigación con los estudiantes para profundizar, mediante tecnología actual, en el conocimiento sobre países, culturas, temáticas, etapas históricas y corrientes de pensamiento, artísticas y literarias.

En honor a la verdad, no solo hay que agradecer a Google, a la universidad de Michigan y al resto de los participantes por este tesoro. Es admirable constatar la generosa tradición de las universidades estadounidenses para adquirir y cuidar la cultura universal para la posteridad. Sin ellas, no sería posible el proyecto.

Hathi, en urdu, significa elefante, un animal al que se le relaciona con la buena memoria. No habría mejor nombre, puesto que se trata de rescatar, preservar y compartir la memoria de la humanidad. Borges, bibliotecario, estaría feliz.

Este es el sitio, adonde puede llegar desde su computadora, tableta o teléfono digital: http://www.hathitrust.org/

Agradecería que regalaran la buena nueva a amigos. Ya lo hice con los míos.

Periodista, exprofesor universitario.

emilscj@gmail.com; www.sehablaespanolblog.wordpress.com

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