EMILIO J. SÁNCHEZ: Otoño de revelaciones

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El Nuevo Herald, 17 de septiembre, 2015

A un mes de la primera reunión de la Task Force (TF) —grupo formado por el distrito escolar para trabajar en temas de enseñanza bilingüe— comienzan a despejarse algunas de las incógnitas del verano.

Las sesiones son cerradas. Por lo visto, la Sunshine Law puede oscurecerse a voluntad. En todo caso, la falta de información provoca rumores (Allport & Postman, 1947); y los secretos, filtraciones (WikiLeaks, 2006). En cuestiones de inteligencia militar se justifica la confidencialidad, pero tratándose del idioma español, tema ventilado ampliamente en la prensa (repárese en la cobertura al último disparate de Donald Trump), esta apuesta por el secretismo y la opacidad resulta rara. ¿Se pretende que la comunidad no esté al tanto? ¿Hay algo que no conviene mostrar?

Siguen sin conocerse los nombres de los integrantes de la “Fuerza”, pero se sabe que la integran alrededor de 30 personas: maestros, directores, líderes comunitarios y padres. La lista inicial era más larga, pero fue recortada buscando probablemente equilibrar representatividad y riesgos. Eso explica que, salvo la Liga de ciudadanos latinoamericanos unidos (LULAC) y el sindicato de maestros (UTD), no estén presentes otras organizaciones que promovieron en mayo el Foro “¡Salvemos nuestro español!”.

Hasta ahora no existen reglamentos, ni siquiera procedimientos de votación. ¿No hacen falta?

El distrito insiste en que toca a la Task Force “desarrollar y ejecutar el programa World Language”. Si eso ocurriera (con solo 15 horas de pláticas), habría que clausurar el departamento bilingüe, pues ese es precisamente su trabajo. Y para mayor confusión, sostiene que la misión de la TF es revamp (actualizar, modernizar, reformar) dicho programa. ¿Cómo hacerlo si aún no está elaborado ni aplicado? Curiosamente, han definido los objetivos del trabajo del grupo, entre ellos, explorar las características de un modelo efectivo del World Language (WLP), identificar los retos de su ejecución y recomendar un curso de acción. Absurdo: ¿qué harán entonces los funcionarios del distrito?

La primera reunión dejó claro, asimismo, que el programa Idioma Extranjero Extendido (EFL), tan cuestionado, no está bajo discusión. El distrito prefiere concentrarse en el futuro. Y el futuro es el ¡World Language Program! Así que, desde ahora y hasta diciembre —a razón de una sesión por mes— estarán ocupados en lo que se presenta como llave maestra de la enseñanza bilingüe.

La idea que han adelantado es que el WLP absorba a otros programas (Español para hispanos y Español como segunda lengua). Esto significa que una maestra de clase enseñará ese idioma a grupos en los que podrían coexistir alumnos con niveles disímiles: desde inmigrantes recién llegados de países hispanohablantes, con notable fluidez, hijos de segunda generación de hispanos, con relativa poca fluidez, hasta negros, blancos, asiáticos y de otras etnias, con fluidez nula. Sin embargo, descartar el carácter diferenciado tanto de la enseñanza como del aprendizaje, y proponer la homogenización del conocimiento, obviando las singularidades de la clase y del grupo, así como de los individuos, es no solo un enorme dislate sino un crimen de lesa pedagogía (¡pobre Comenius!).

Una portavoz del distrito arguyó, en la primera reunión de la TF, que la causa de tal unificación es que ya no existen estudiantes que hablen español (sic), ni siquiera inmigrantes latinos. Empero, no distribuyó ninguna estadística o material de investigación. Es apenas una opinión sin fundamento, como la de cualquier hijo de vecino en la cola de Wal-Mart. (¿Y aún conserva el puesto…?)

Sin embargo, los datos existen, aunque demuestran lo contrario.

Según un análisis de mayo del Pew Research Center sobre el último Censo de EEUU (English Proficiency on the Rise Among Latinos), aumentó el dominio del inglés entre los hispanos. El informe alega que en los últimos 13 años ha disminuido la cantidad de los que hablan español en el hogar (de 78% en el 2000 a 73% en el 2013). Pero, señores, hay que leer más allá del primer párrafo: es solo un 5 por ciento, y eso también significa que 35.8 millones de hispanos lo siguen hablando en casa, cifra de potencial crecimiento. Por otra parte, el centro con sede en Washington reflejó el aumento de la cuantía de personas, no hispanas, que hablan español: casi tres millones. En estados como California, Texas y la Florida, donde el flujo de inmigrantes es permanente, la suma de los que emplean la lengua es mucho mayor, para no referirme al condado Miami-Dade donde el inglés puede tornarse una rareza.

Empieza muy mal un programa que propone la homogeneización de un modelo y se basa en una premisa falsa. Ojalá que la Task Force, cuyo anuncio fue muy bien recibido, haga valer sus criterios y rechace este simulacro. De lo contrario, solo quedará para legitimarlo.

Periodista, ex profesor universitario.

emilscj@gmail.com
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