EMILIO J. SÁNCHEZ: Verano de incógnitas

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El Nuevo Herald, 21 de agosto, 2015

La semana pasada algunas personas recibieron cartas del distrito escolar en la que se les invitaba a formar parte de una Task Force —grupo consagrado a una actividad— para trabajar en el tan debatido tema de la enseñanza bilingüe. En su momento se dijo que una representación de maestros, profesores universitarios, expertos en idiomas, padres y defensores del bilingüismo serían convocados. Lo extraño es que los destinatarios de la misiva no saben a ciencia cierta por qué fueron escogidos. Hay más de 400 maestros de español, miles de padres, decenas de especialistas, organizaciones e instituciones de la comunidad. El distrito nunca explicó qué criterios tomó en cuenta. ¿Por qué unos sí y otros no?

En grupo tan heterogéneo, resulta difícil predecir cómo se desenvolverán los trabajos. Se cae de la mata la necesidad de un reglamento o al menos normas de funcionamiento. Se supone que eso ya esté definido y los integrantes potenciales deberían saber a qué atenerse. Lo ignoran.

De igual manera, desconocemos si las sesiones serán públicas o, al menos, se permitirá el acceso de periodistas. Sugeriría total transparencia, con enlaces fijos y acceso por televisión o webcast, en plena concordancia con la Sunshine Law.

Hay algo, sin embargo, que me hunde en el lodazal del desconcierto. En la carta se dice que la misión de la Task Force es actualizar, desarrollar y ejecutar el programa World Language que entrará en vigor el año próximo. En otros documentos del distrito se había adelantado que el grupo trabajaría en su diseño. Hello!!! ¿Una Task Force para concebir un programa académico? En las clases de Diseño y Desarrollo Curricular de la carrera de Pedagogía se enseña que elaborar programas es tarea de personal especializado. De ello se infiere que su creación corresponde a las autoridades encargadas. Si el departamento bilingüe cuenta con profesionales con credenciales, experiencia y salarios de tres cifras, ¿por qué no hacen lo que a ellos les compete?

Lo anterior no significa que un programa, elaborado en una oficina tan alejada de las aulas, sea infalible. Por ello es lícito y conveniente consultar con especialistas, solicitar opiniones a maestros, echarlo a andar como piloto, para hacer los ajustes y correcciones.

Así pues, este grupo que recién se forma no tiene por qué —ni le corresponde— diseñar programa alguno. En cambio, su principal razón de ser sería el análisis y debate de la enseñanza bilingüe de manera integral. Entre otros puntos, debería tomar riendas en el caso del Extended Foreign Language (EFL) que se proyecta acompañe al World Language Program. A decir verdad, sus errores son tan evidentes, que están a la vista pública. Pero el grupo muy bien podría, con mirada múltiple, desprejuiciada e independiente, detallar sus numerosas falencias. Sin embargo, no parece que el EFL sea objeto de sus deliberaciones.

Los problemas de la calidad de enseñanza de idiomas están sobre la mesa: hoy menos estudiantes la reciben —entre ellos angloparlantes, blancos y negros, o alumnos con dificultades académicas—; mientras, en middle y high school las computadoras han tomado el lugar de los docentes; y los maestros de clase de primaria, sin conocimientos de español ni deseos de enseñarlo, han sido autorizados dizque a impartirlo mediante una bula-waiver. La enseñanza bilingüe debe llegar a todos y ser diferenciada, según los distintos niveles de conocimiento de los alumnos.

Difícilmente quince horas de pláticas —esa es la programación— puedan solucionar mucho. Por eso la primera recomendación del grupo sería llevar a cabo una sólida investigación apoyada en múltiples instrumentos (encuestas, análisis de contenido, entrevistas, observación, panel, focus group, etc.) entre maestros de español y de aula; así como entre especialistas independientes de todo el país.

Si usted recibió la carta y aceptó integrar la Task Force aproveche la oportunidad y haga por que esta amplíe su agenda y se encarrile por vías más prometedoras. El peligro no es tanto que su esfuerzo sea inútil: corre el riesgo de legitimar las decisiones del distrito, contribuir, acaso sin querer, a que este lave su imagen pública o desvíe la atención de lo esencial. Sería lamentable parir en verano un órgano subordinado y complaciente con apariencia plural.

Periodista, ex profesor universitario.

emilscj@gmail.com

www.sehablaespanolblog.wordpress.com

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