EMILIO J. SÁNCHEZ: Las perlas de sus bocas

Miami ha devenido un sitio peligroso para aquellos interesados en hablar y escribir correctamente… el idioma español

Diario Las Américas, 4 de marzo del 2016

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Esta ciudad es el último lugar del planeta que recomendaría para aprender inglés mediante inmersión total. Se corre el riesgo de que, al intentar balbucear alguna frase en ese idioma, la cajera del Publix no te entienda.

Lo que no se sabe, o se sabe poco, es que el condado ha devenido un sitio peligroso para aquellos interesados en hablar y escribir correctamente… el idioma español.

En una reunión reciente de periodistas, algunos dijeron que no leían El Nuevo Herald para no contaminarse de mal español. Fue un venenazo que produjo carcajadas, pero remolcaba una cuota de verdad.

Un amigo colecciona los gazapos del diario y, cada cierto tiempo, los circula por pura diversión. Últimamente ha dicho que, debido a la abundancia, no tiene tiempo para cazarlos todos.

Lo que el tiempo se llevó

O tempora, o mores! Hace quince años esto no ocurría. Existían suficientes redactores de mesa y reporteros. Aguzados correctores nos sacaban las castañas del fuego: detectaban disparates y hasta hacían recomendaciones de estilo.

El periódico invitó a Alexis Grijelmo, periodista y escritor español, a que dictara unos seminarios de redacción. Grijelmo era por entonces director periodístico de la cadena de periódicos locales y regionales del grupo Prisa y, de sus días en El Nuevo Herald se llevó un grupo de buenos y malos ejemplos que incluyó en su obra El estilo del periodista.

Recuerdo el enojo de Adela Junco y Pedro García Albela, nuestros dilectos correctores, cuando se escapaba algún error en los titulares de portada o si algún editor desoía sus recomendaciones. Para más, Adela publicaba una columna sobre el idioma español, Bien dicho, que era tan didáctica como amena. Tanto, que algunos amigos la coleccionaban. Por esa época el periódico ganó el Premio Ortega y Gasset.

Adiós a los correctores

Luego vino la crisis de la prensa y los recortes a mansalva. Los correctores fueron los primeros en ser despedidos. Ahora hay tan pocos editores, que no tienen tiempo de revisar ni pulir nada. “Apenas si me da tiempo para leer la nota’’, me comentó un excolega. No es todo: como hay menos reporteros se traducen más textos, pero, paradójicamente, con menos traductores. Así que todos los sobrevivientes están obligados a trabajar a marchas forzadas.

Y ya se sabe: el Spelling Check y el traductor de Google no son suficientes.

Parece difícil de creer, pero hay fines de semana en que solo dos personas —me dicen— han confeccionado el diario en español de mayor circulación en Estados Unidos. Es una proeza y un desastre.

Los veinte errores más comunes del español miamense

La radio no se queda detrás en esta malquerida competencia de incorrecciones, olvidos y dislates. Y no se diga que es una cuestión de forma y, por tanto, despreciable: ya de adolescentes aprendimos la indisoluble relación entre pensamiento y lenguaje.

Por eso el propio Grijelmo decía recientemente que las carencias no vienen solas, y que quien mejor y más claro se expresa es quien, por lo general, aporta los mejores argumentos.

Los comentaristas se cansan de incurrir, desde la mañana hasta la noche, en el “dequeísmo”. Fulano dijo de que…; mengano opina de que; yo considero de que… Sin embargo, cuando deben utilizar la preposición de (verbos informar, advertir y avisar), no lo hacen.

El uso incorrecto del verbo haber como impersonal está tan generalizado, que cansa rectificarlo. No se dice habían ocasiones, ni hubieron reuniones, tampoco habrán quienes… Debe decirse había ocasiones, hubo reuniones y habrá quienes…

Sucede igual con el leísmo. Le dijeron a los electores. Cuidado: lo correcto es Les dijeron a los electores.

Algunos insisten en ponerle una S  a la segunda persona singular del pretérito. Dijistes, hicistes, señalastes… Perdón, no se haga el fino: debe decirse dijiste, hiciste, señalaste.

Igualmente, yerra quien diga a nivel mundial, a nivel estatal, etc.; lo correcto es a escala mundial, a escala estatal; no diga hacer parte, sino formar parte, integrar. Aléjese de en base a lo analizado y diga mejor sobre la base de lo analizado.

La influencia del inglés es reconocible en oraciones como Fulano de Tal corre para alcalde; lo correcto: aspira a la alcaldía; evite hace sentido; diga tiene sentido; las decisiones no se hacen: se toman; no le dejas saber sino le haces saber, le avisas; el tema no es inmaterial sino irrelevante. Usted no cambia de mente (¡sería fantástico para algunos!), sino de opinión; la empresa no está basada en Miami sino radica en Miami. Es una pifia decir estaba supuesto; debe decirse se supone que

No diga actual si significa real; no diga figura si significa cifra, no argumento si significa discusión; no atendió si significa asistió.

Finalmente, no remueva a ese comisionado; sino ¡retírelo o quítelo, pero de una vez!

Figuras públicas malsonantes

El paroxismo llega, en televisión y radio, cuando entrevistan a voceros (de la policía, los bomberos, hospital X), políticos o fiscales. No solo articulan mal, sino que sus errores de sintaxis son espeluznantes. Llevan apellidos hispanos, pero parecieran hablar el español de los westerns B. ¿Admitirían los angloparlantes esa andanada de maltratos idiomáticos? No creo.

En un condado donde el 70 por ciento de la población es hispano, debería exigirse a estas figuras públicas un bilingüismo real (o un intérprete). Y si ya ocupan los puestos—y cuando niños preferían hablar y leer en inglés—, pues que tomen clases especiales. A fin de cuentas, en el 2015 nos enteramos de que los políticos locales van a la Universidad de Harvard a pasar cursos de administración a cuenta de los contribuyentes. Seguramente un taller remedial local no costaría mucho.

Me encantaría escuchar y ver, en lugar de anuncios sobre colchones y seguros médicos, este: “Se ofrecen tutorías de español a precios razonables. Especiales para voceros, políticos, fiscales… y periodistas”.

Periodista, exprofesor universitario
emilscj@gmail.com

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